Proyecto Plumilla

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 RME 1.1: La cinta negra

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Imanol
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MensajeTema: RME 1.1: La cinta negra   Lun Ene 25, 2010 1:51 am

Aquí va mi primera aportación (quizá el por qué surgió todo este foro, ya que caí en el objetivo de éste cuando empezamos a intercambiar relatos unos amigos y yo)

El Rincón Mágico de la Esperanza: Sumatorium.

La cinta negra

Salí del aulario cruzándome con el profesor de Filosofía, como de costumbre. Le saludé. Él me correspondió sin mirarme a los ojos. Crucé la calle dejando 10 metros a la izquierda el paso de peatones. ¿Qué más les da pararse, si de cualquiera manera hay un peatón cruzando? Los dos bocinazos de todos los días.
Decidí cuál sería la calle menos transitada a esa hora y giré en ella. Me apetecía un cigarro y una cerveza, pero lo dejé para más tarde. Prefería pasear. Era bastante entretenido observar a la gente arrastrándose por las aceras hacia ningún sitio. Siempre es entretenido automutilar el optimismo.

No miraba por qué calles andaba. Sólo me preocupaba prestar atención a la mejor parte del espectáculo. Quizá por eso acabé en un callejón solitario. Ni siquiera eso, en realidad un codo. Los callejones estaban extintos.

Al volverme para seguir jugando con las hormigas, vi entreabierta la puerta de un local que parecía haber cerrado hacía siglos. Unas rejas estrechas parecían lo único que había impedido que los cristales de puerta y ventanas se rompiesen. Había una placa desfigurada llamando mi atención en el momento que lo olí. Mis cigarros preferidos. Ilegales, por supuesto. Habría puesto rumbo a la cafetería más cercana si mi olfato me hubiera fallado un poco. Cereza. Nadie lo mezcla con cereza. Es como una ley social. Miré por la rendija de la puerta. No vi a nadie. Entonces la escuché:

-Te estoy esperando.

Hubo un silencio. Pensé en las posibilidades de que fuese una maligna mutante de cómic o una gran narcotraficante con bombas de hidrógeno implantadas en su cuerpo. Miré la distancia hasta la calle que me había llevado hasta ahí, llena de transeúntes. Creí que podría correr unos 30 metros sin morirme si las cosas se ponían feas. Así que entré.

-Buenas tardes.

Una joven estaba de pie enfrente de la puerta, oculta para quien no la abriese por ese blanquecino cristal con aspecto salino. Tras vaciar de humo sus pulmones, susurró sensualmente:

-¿Puedo ayudarte en algo?
-No lo sé.
-¿Entonces a qué has venido? -Me respondió con un esbozo de risa enigmática.
-No lo sé... -contemplando la habitación, había pocas razones para saberlo. Un cuarto oscuro, pintado de negro, sin un sólo mueble salvo ella. -Supongo que porque te oí. -o por el olor. Por ambas cosas.
-Te estaba esperando, pero creía que sabías qué buscabas.
-Pues no busco nada en particular.
-Algo inconcreto. Vale. ¿Por qué?
-¿Por qué no?
-Porque eres tú el que ha venido. Si no estuvieras buscando, no habrías llegado.
-Las cosas también se encuentran cuando uno no está buscando.
-Esto no. Esto es el final del primer cajón, donde uno da por hecho que no hay nada útil hasta que saca el cajón en una búsqueda desesperada.

Me empezaba a hartar de la metafísica de esta metafísica. Siempre he odiado los heurísticos, desde que se volvieron contra mí. Continué hablando sin poder contenerme.

-De todas formas, aquí no hay nada que encontrar.
-La materia se crea de la nada. Quizá aquí está todo, entonces.
-Pero el todo es absurdo. No es nada en...
-Concreto. Y tú buscabas algo inconcreto. Entonces vamos por el buen camino.
-...por el buen camino de nada...
-O de todo, como ya he dicho.

Narices. Ni quiero saber que lleva ese cigarrillo liado como una tuba. Me iba a volver loco si seguía escuchándola, por lo que exclamé.

-Bueno, pues dámelo. Dame el todo. Tengo prisa, un par de todos más que recoger en la papelería y el estanco.
-No seas sarcástico. Hay que seguir las reglas.

Apuntaba con una mano a la pared que tenía enfrente mientras tiraba la colilla. En la pared se veía una línea escrita con tiza. "PAS0 1: PEDIR UN DESEO." Se veía AHORA. La sorpresa que sentía era delatada por mis ojos mientras se dibujaba una sonrisa en su rostro. Sorpresa y algo de miedo. O quizá más miedo que sorpresa. ¿Un deseo? ¿Una tía fumando maría con Harvest de cereza? ¿Una línea que aparece de la nada?

Sus ojos se entornaron hacia mí, mientras tiraba el cigarro y palpaba sus pantalones.

-Adelante, pídelo.

Avanzaba hacia aquí lentamente como si nada pudiera pararla.

-¿Qué pido?

Me estaba asustando increíblemente por momentos. Fui retrocediendo poco a poco intentando que no se diese cuenta

-¿No deseas nada? Quedamos en que buscabas algo. Por inconcreto que sea.

La puerta se cerró tras de mí mientras ella avanzaba apuntándome con una navaja que había sacado de su bolsillo. Corrí hacia la puerta. Esto dejaba de ser un juego. No me preocupaba mi vida, sino el miedo. La puerta no se abría. Le dí un codazo al cristal con todas mis fuerzas. Pensé que seguramente me había roto el famoso hueso de la risa, porque el humor se apoderó de mi cerebro mientras el miedo provocaba una rebelión.

-¿Una moto?¿El título de licenciado?¿Un piso en Benidorm?

La miraba mientras seguía acercándose con total calma y la misma sonrisa enigmática.

-No quieres nada de eso. Quieres tener algo inmaterial. Algo que no te puedan quitar.

Su navaja se había posado en mi cuello. Bonita pista de aterrizaje. Mearme encima habría sido una buena manera de pedir compasión, pero yo decidí inconscientemente seguirle el juego.

-¿Para qué iba a querer algo inmaterial?¡Suele ser poco efectivo contra la materia!
-¿Contra qué materia?
-¡Contra tí, por ejemplo!
-¿Y si yo te matara aquí y ahora?¿Qué podrías hacer después? Algo material no, desde luego.
-Tampoco pedirte un deseo.

Forzó su sonrisa. Apartó un poco la navaja de mi garganta. Dos milímetros. Y continuó discutiendo tras una breve pausa.

-Pero saldrías perdiendo. ¿No te atrae ganar cada batalla, sea cual sea el resultado?
-Bonito, e imposible.

No era consciente de que tenía una navaja a dos milímetros de mi faringe. Siempre me han abstraído los malditos heurísticos.

-La imposibilidad es falsable. Lo bonito, para tí y en este instante, no. ¿Desearías eso entonces?
-Supongo que eso buscaba cuando salí hoy de clase. Darme una victoria a mí mismo.
-¿Confirmas ése como tú deseo?
-Sí.
-Entonces te contaré un cuento...

***

-Y entonces, efectivamente, me contó un cuento. Similar al que yo te acabo de contar, su experiencia propia cuando pasó por lo que tú.

Aparté mi navaja del cuello de la chica definitivamente. Me preguntó, asustada.

-Ahora... Ahora viene lo más divertido, sobre todo si eres virgen.

Un puñetazo en su tripa la dejó inconsciente. Ah, Belleza Femenina Versus Boxeo Thailandés.

***

Estaba sentado frente al ordenador. Descalzo, con el papel de liar y el tabaco. Sin filtros. Le dolía el culo, por la maldita banqueta de madera. No había espacio para una silla decente en su minúscula habitación. Le gustaba así.

No podía dejar de pensar en El Rincón. Su mirada, extrañada, recorría la estantería mientras escribía sin pensar. Todo tenía sentido, demasiado sentido. En otras palabras, ninguno. En lugar de ver, sentía la luz atravesando sus pupilas. En lugar de sentir, notaba chispas a lo largo de su cuerpo. Todo iba demasiado lento. Tenía que esforzarse para hablar despacio. Sorprendentemente, nadie parecía darse cuenta de ello. Pensaba excelentemente rápido. Tan rápido que cuando hablaba, en la tercera palabra se había olvidado de qué iba a decir como cuarta. Sabía qué hacer en cada momento, tan bien que cuando llegaba el momento se olvidaba de lo que había decidido para esas circunstancias concretas. En otras palabras, era exactamente igual que antes de entrar en El Rincón. Pero se sentía distinto sin serlo. Como siempre. Pero distinto.
Necesitaba volver. Tenía preguntas sin respuesta, respuestas sin pregunta, deseos contradictorios que no se podrían cumplir y, si lo hicieran, provocarían un nuevo deseo insaciable. Voluntad de vivir. Y efectivamente volvería.

***

Cerrado. Grande, en Times New Roman como este texto, pero en negrita y subrayado. Así rezaba el cartel de la puerta.

Salió del callejón decepcionado consigo mismo. Agarrando de la mano a su necesidad. Liándose un cigarro desesperado. Sin saber a dónde ir teniendo un sitio en el que dormir, prefirió seguir a una chica que caminaba con los ojos tapados por una cinta oscura. La seguridad con la que caminaba contrarrestaba lo triste que parecían dos complejos ojos humanos tapados por una simple cinta. No tan negra como parecía. Había escrito Matt Cor en ella, lo que le sonaba de algo a nuestro protagonista.

La siguió siguiendo, hasta que el ruido no le dejó verla. Caminó un poco en este estado hasta sentir claramente a la multitud bebiendo y meando, unos contra otros. Parecía algún producto intermedio entre un panal de abejas y un nido de víboras. Asquerosas abejas reptantes.

Se unió a ellos, agachándose y tocando el suelo hasta encontrar otra cinta para ponérsela él. Pasándosela sobre los ojos, como los otros, y sobre las orejas, cosa que acababa de advertir en la chica. Todo se volvió claro y sencillo de repente. Conforme dejaba la mochilla agarró una botella y vertió buena parte de ella por su garganta. No sabía que era, pero regurgitó la mitad. Acababa de regatear con sus tripas, y había conseguido lo que buscaba desde el principio: medio estómago lleno de vodka.

Pronto empezó a saludar a unos y a otros como si los conociera. De hecho los conocía. Cuando se hartó recogió otra botella y se bebió la mitad de lo que quedaba. Mientras lo echaba todo en intervalos irregulares, se bajó la bragueta y meó conforme estaba, apoyando la cabeza contra una pared.

Intentó ligar con varias chicas cuando se repuso. Finalmente encontró una que tirarse entre unos pinos llenos de meados. Se corrió rápido y se fue sin esperar a que ella se levantara. Llegó a su casa como pudo, chocando con las paredes. Se tiró en la cama con lo puesto. Desgraciadamente se le cayó la cinta mientras dormía. Desapareció conforme amanecía. Y cuando el último hilo se desvaneció, se despertó.

***

Se sienta y comienza. Saca los materiales, los bolis, empieza a hacer los problemas. El profesor empieza la clase. Tras 10 minutos, ha hecho todo lo que tenía que hacer por hoy. Se levanta mientras los alumnos lo miran y se va sin saludar ni haber mirado siquiera al profesor. Se paga un café, se lía un cigarrillo, y sale hacia casa. Tras tomarse ambas cosas, está cerca de casa. Sube por las escaleras pensando en la tesis que lleva preparando desde que entró en la carrera, y por fin abre la puerta de casa. A tientas, coge el móvil y mira la hora. Se destapa, tirando las sábanas contra la pared cercana a la cama. Se ha vuelto a dormir.

“Hagamos física”

Llegando a los apuntes, tropieza con el ordenador. Verá un par de películas deseando que se aparte y le deje cogerlos.

***

Tras 4 horas escuchando conferencias algo difusas de meritosos catedráticos (“Qué aburrida sería la realidad si pudiera explicarse de manera exacta”, recuerda para sus adentros) decide saltarse la última de ellas. Hace tiempo que no visita su paraíso terrenal. La persona que busca no está nada cerca, pero puede conformarse con otra que ocupa, para él, la misma identidad.

Hace horas que es noche cerrada, pero la gente va y viene como si fueran las diez de la mañana. De hecho, a las diez de la mañana las calles parecen desiertas, como si fuera el día lo oscuro, lo maligno. Seguramente sea más bien porque le deben más a su almohada que al banco. Que ya es decir.

Por fin el callejón. Sus pulmones se llenan como si llevara horas sin respirar. Avanza hacia el local, pensando en cómo saludar y qué perfil mostrar al sonreír cuando un chico alto y delgado sale por la puerta. Camisa negra y pantalones cenicientos, su nuca rapada manifiesta mal humor. Nuestro amigo se apresura y abre con delicadeza la puerta, intentando que no suene la campanilla. En vez de mirarla, vigila aún porque no vuelva el sospechoso sujeto de oscuro.

Por fin entra. Habría cerrado con cuidado. Pero las reglas no estaban.

El portazo le hizo cerrar los ojos. Se quedó así, maldiciéndose por no haber vuelto antes. Era imposible. Nada tenía sentido.

-Nada tiene sentido.

Los abrió y allí estaba ella. Lo que quedaba de ella.

-El renegado dios de la paz se ha manifestado... La justicia cae sobre ella misma. Sólo quedáis tú y la pelirroja, los demás han muerto o se han unido a el salto mental. Cuídala, es ella...

El sujeto no podía hacer nada más que asistir atónito a lo que le habría parecido un desfile de excentricidades. Si no la conociera, se habría largado y habría olvidado todo. Pero se quedó, intentando memorizar frase por frase.

-Espera, espera, necesito una pista con la que empezar, ¡sabes que esto no es lo mío!

-Eso es lo que... digo siempre... Pero no es... Lo que nece... ya lo tie...... ell...lla...

Con este último esfuerzo se despidió. El movimiento de sus labios sonriendo tras una vocal tan abierta, pareció despedir los últimos trozos de su alma a toda la habitación.

Con el silencio formado, empezó a atisbar la habitación. Aparte del vacío dejado por las reglas, un par de cosas habían cambiado. No había libros quemados, además de que la responsable no solía yacer en una esquina. En varios sentidos.

Sus pálidos pechos asomaban por fuera del escote. Los pezones aún seguían rosados. Y su piel aún seguía de gallina. Marcos sabía con certeza que Greta era impasible ante la muerte. Al levantar la falda confirmó que había tenido razones para no permanecer impasible. Humedad y calor tenían poco que ver con miedo, pero mucho con ver a Greta alterada. Y la cantidad exagerada de éstos probaba que había sido consentido. Teniendo en cuenta que había sido sustituida como alumbradora, y desde entonces sólo se había acostado con él mismo por las limitaciones que le imponía la gran pérdida de poder que la había jubilado, Marcos vio paradójico que el principal sospechoso fuese el que estaba investigando posibles pistas del asesino.

***

-La segunda regla es simple: Tu deseo te lo dará tu propio cuerpo y nadie más.

Pude ver cómo las palabras se escribían bajo la regla anterior conforme ella las pronunciaba.

-Es muy simple. Orgasmo. No es necesario para vivir pero es vital para sentirse vivo. Esto lo hace la paradoja por antonomasia de la vida.

Sentí un irreprimible deseo de desvestirme a toda prisa conforme el calor se esparcía por mi cuerpo, pero me sentía incapaz de mover ni un músculo hasta que ella me besó. Un golpe seco es lo último que recuerdo hasta que desperté.

Estábamos en una habitación tan vacía como la otra, salvo la diferencia de una enorme cama, de agua me pareció, que ocupaba el centro del suelo. Tras unos segundos que se me hicieron eternos, todo lo demás fue horriblemente rápido. La desvestí mientras ella hacía lo mismo conmigo. Nuestros labios parecían pegados entre sí por algún tipo de encantamiento. Lo demás es imaginable, así que no hará falta que os lo cuente. Lo que lo distinguió de cualquier experiencia que vayáis a tener vosotras es que cada orgasmo era un instante de luz que cruzaba mi cerebro. Una luz a la que, orgasmo a orgasmo, me fui adaptando hasta poder ver con claridad. Visiones y pensamientos fugaces que pasaban por mis neuronas cada vez que llegaba. Todos ellos coherentes entre sí conforme los unía. Hasta que me reconocí en el espejo en una de esas visiones, con veinte o treinta años más, momento en el que todo cobró sentido. Seguimos durante lo que me parecieron siglos que pasaban como segundos, hasta que se dirigió a mí como Marcos. Y efectivamente, yo ya había comprendido que mi nombre era Marcos, tras tantas visiones que algún día reorganizaría mentalmente para poder descifrar el eje cronológico de mi vida hasta antes de lo que recordaba esa mañana. Después seguimos otra decena de siglos a velocidad de segundos, sin ninguna necesidad.

***

Mientras le daba vueltas a la cabeza a cometer necrofilia, fue hacia los libros chamuscados mientras intentaba liarse un pitillo. El tabaco se le caía irremediablemente del papel, por los nervios. “Menudo momento para parecer un novato”, pensó. Había pasado ya mucho tiempo desde su juventud y las locuras convenientes.

“El dios de la paz y otros cuentos, por Francisco Amador”

Tras buscar cenizas que pudieran ayudarle, había encontrado un lomo, nada crudo, especialmente interesante. Éste estaba antes en la tercera fila, de las cuatro que, infinitamente alargadas, recorrían la habitación por sus cuatro paredes. “No bromeaba cuando me dijo que empezar por la primera o la última podría ser una importantísima decisión”, pensó el bautizado Marcos. Llevaba dos filas y parte de la tercera. Una pena que no hubiera decidido empezar por el final, la última de ellas, ya que así haría tiempo que el libro formase parte de su ser. En todo caso, si hubiera ido escogiendo los libros al azar en vez de en orden, es más que probable que hubiera leído el libro. Muera el orden, cronológico en este caso.

Así que decidió buscar a su autor. Una suerte descubrir que estaba en un manicomio, menos cabos sueltos. Se dirigió a la tercera habitación e imprimió un gran cartel que dejara claro el estado del negocio. Tras colgarlo, cerró con llave y lo observó desde la calle, abrochándose la gabardina.

***

Echó una mirada irónica a los apuntes tras el ordenador. No los necesitaría por un tiempo, así que decidió dejarlos como estaban. Cogió la chaqueta y el bolso y se dirigió a la estación de tren. Tras un rato de estupideces económicas subió al tren y se acomodó en su asiento. Todo fue tranquilo durante y después de este viaje, lo extraño empezó en su segundo tren.

Poco después de haber comenzado la marcha, la puerta hacia la que se orientaba su asiento se abrió. Un aerícola escondido tras una gabardina y un sombrero entró mirando hacia el suelo. Era fácil olerlos. Pastas inglesas, típicas biscuits. Cómo no, se desvistió conforme la puerta se cerró tras él. Bajo ese color crema escondía un precioso pelo rubio, un cuerpo idóneamente musculado, unas desgarbadas alas de plumas blancas y una entrepierna asexuada. Hablaba con claridad, de manera mecánica.

-Se solicita la presencia de Adalia, Dymas, Izaskun, Lysander y Tamia al juzgado aerícola número siete. Los no terráqueos presentes serán recompensados por no intervenir, con los materiales que pidan, dentro por supuesto de nuestros límites de inventario.

Los cinco jóvenes que acompañaban a Marcos se miraron entre ellos. Éste arqueó una ceja y se levantó con una mano en el bolsillo, liando un cigarrillo con la otra. Un placer para él estas anormalidades, ya que en estos momentos le daba igual llamar la atención fumando donde no se permitía.

-Si te tienes que dirigir a mí, proyecto de gorrión asexual con brazos, hazlo de una manera más personal.

-Saludos, Marcos, preciado acuófero. Esperaba no encontrarte aquí. Supongo que a los de tu gremio no les interesan los materiales, pero no hacían falta peyorativos, ¿no crees?

-Oh, perdona... Sólo quería dejar claro que preferiría lo contrario...

Una sonrisa sarnosa reinaba en su cara, incluso por encima del odio que destilaban sus cejas.

-Dudo que prefieras tu polla a tus brazos. A fin de cuentas los de tu calaña os basáis en sacar armas del vacío para pelear, ¿qué harías sin brazos para empuñarlas?

Sin soltar su cigarro ni sacar su mano del bolsillo, llevó su tobillo a sus glúteos tras descalzarlo simplemente levantándolo del suelo. Se vio un brillo a sus espaldas. En el segundo siguiente, su pierna se alzaba verticalmente sobre su cadera, mientras él aspiraba lentamente el humo del cigarro manteniéndose firmemente horizontal al suelo. Echó el humo volviendo a una posición más normal, y concluyó.

-Definitivamente, sería sólo cuestión de práctica.

Un cuchillo se había clavado detrás de donde estaba la cabeza del aerícola. Lo había evitado justo a tiempo.

-¿Insistes en intervenir? -preguntó Gorrión.

-Evidentemente.

Mediante acrobacias similares, pronto el aerífero había dejado de estar dividido en un número finito de partículas. Pese a las fortísimas barreras que había creado, observado por los cinco chicos que permanecían sentados como pequeños pero convincentes choques contra el mismo aire, le había durado poco a nuestro acuófero.

La enorme cantidad de partículas que quedaban de Gorrión se contrajo en una esfera transparente del tamaño de un balón de fútbol. Muy ligeramente violácea, con un pequeñísimo punto en el centro, se acercaba flotando lentamente hacia Marcos.

-Cuánto tiempo sin vernos, chiquitina.

Sin embargo, cuando apenas faltaba una cuarta para llegar a su pecho, paró en seco en el aire, y rápidamente se dividió en cinco pequeñas esferas similares que se introdujeron en el cuerpo de los jóvenes durante un espasmo. Cuando se recuperaron, se miraron alarmados unos a otros, mientras Marcos se volvía a ellos con una sonrisa, pero pronto se alarmó:

-Sois terráqueos...

Ante el gesto de incomprensión, les explicó lo que había oído de un fenómeno similar sin dejar de parecer estar pensando en otra cosa mientras sus labios seguían moviéndose.

***
El joven Koldo estaba decidido a hacer ese viaje. Muchos le recomendaron no salir de San Sebastián con sus 17 años, pero él quería empaparse de lo que se llamaba "historia de España". En realidad, necesitaba viajar a Madrid para el estudio que se proponía, así que se dirigió a la estación habitual para sus pequeños trayectos y fijó el itinerario hacia la antigua capital del Estado. 

Preparó una maleta con las cosas que necesitaba: una muda, el portátil, un par de paquetes de tabaco de diferentes clases, un par de libros para él y un disco duro externo donde guardaba toda una base de datos histórica con todo lo que había encontrado en internet y los demás recursos que tenía en su mano.

Subió al tren como siempre. No fue hasta pasar la frontera del país vasco cuando comenzó a sentir la novedad. Su orgullo siempre le había mantenido dentro de Euskadi y sentía extrañeza tras esos 17 años de autoreclusión cultural.

Su decisión pronto se vió contrariada cuando Azur observó los pasajeros del tren una vez salió de su Euskal Herria. El vagón estaba prácticamente vacío, tan sólo dos pasajeros le robaban su soledad. Ambos con sombrero y gabardina tres cuartos, le hacían pensar que realmente no tenía ni idea de los españoles de a pie, hasta que su cerebro argumentó que no a todos los españoles de a pie les podía faltar el brazo derecho. Eso seguro que no. 

Ambos permanecían con la cabeza bajada, durmiendo. Uno, con una gabardina cremosa y botones relativamente grandes, tocado con un sombrero de ala ancha arenoso. El otro, vestido con un tres cuartos profundamente negro ajustado con una serie de broches metálicos, enlucidos como una copa de misa por un capellán con mucho tiempo y mucho abrillantador; portaba además un sombrero de tres picos, de color azul marino, que hacía una suerte de imitación de los usados en los siglos dieciocho y diecinueve.

Koldo observaba a estos sujetos con disimulo mientras sostenía entre sus manos el último ensayo que había salido a la venta, fingiendo que leía cuando su principal actividad era observar con curiosidad estos sujetos. El primero se sentaba a su altura a su derecha, cruzando el pasillo, mientras que el segundo se sentaba al lado de la puerta del vagón, justo enfrente del chico. El viaje transcurría con una soberana apatía hasta que el viajero de negro se levantó de repente poco después de pasar un letrero que anunciaba que se acercaban a un pueblecito llamado Rubena.

Su manga cayó, vacía; su gesto se llenó de ira en completo silencio mientras observaba como el caballero de color crema se levantaba de igual manera. Éste segundo, sin embargo, mostraba la mismísima personificación de la serenidad. El iracundo se acercaba hacia los otros dos pasajeros, cambiando la mirada de uno a otro. El más cercano a Koldo le hizo un breve gesto que le indicó que permaneciera quieto.

De repente, ambas mangas derechas, vacías, de los acompañantes de Koldo, estallaron dejando en su lugar empedradas garras con cierto brillo metálico; pirita, pensó Koldo acertadamente. 

Bultos bajo las gabardinas fueron desenvainados y, en cuestión de milésimas, ambos se encontraban agarrando la espada del otro con el extraño brazo derecho mientras intentaban atravesarlo con los sendos mandobles que esgrimían con la zurda; de un color plateado, llevaban extraños símbolos forjados que le parecieron a Koldo del alfabeto fenicio o algo similar. Neo-púnico, razonó observando la forma de las cuñas sin ser consciente de la situación en la que se encontraba. 

Fue en ese momento cuando Azur rebuscó en su bolso, sin pensar, hasta dar con una antigua navaja, regalo de su fallecido abuelo. Imitó el gesto que tantas veces le había visto hacer, casi por inercia: agarrando la navaja con su mano izquierda, pasó su lengua por el dorso del pulgar derecho, y a su vez su pulgar por el filo de la hoja. No se fijó en el extraño color rojo que tomó el arma, y sin siquiera darse cuenta cortó los tendones de la extraña mano amarillenta del pasajero de negro, de arriba a abajo, pasando la navaja por la capa de pirita como si tallase las flechas que tantas veces había visto a su abuelo hacer en los árboles del bosque cercano a su casa.

El sereno rostro del caballero color crema demostró que tenía cierta expresividad, dirigiendo una mueca a Koldo.

-No te entrometas, esto es entre él y yo... -murmuró con voz gangosa, y aprovechó la debilidad de su adversario para asestarle un gran corte desde su hombro derecho hasta la cadera izquierda, dejando encajada la espada en el suelo del vagón. 

El cuerpo se desintegró dejando sólo dos extrañas esferas transparentes, muy ligeramente violáceas, cuyo centro estaba ocupado por un pequeño brillo amarillento. Una se dirigió hacia el torso del titán superviviente y la otra, para sorpresa de ambos, hacia el de Koldo. Hizo contacto con su chaqueta vaquera y se introdujo dentro de su pecho.

La serena personalidad del caballero se alteró por esto, y con gesto de disgusto dijo, mientras caminaba hacia la puerta del vagón sin prestar atención a cómo Koldo se observaba extrañado el tórax:

-Parece que no era tan personal...

Mientras su garra metálica se evaporaba, la manga cremosa se volvía a tejer de la nada.

-Sígueme, haremos una parada.

Alargó la pausa mientras decidía cómo tratar la situación, hasta que volvió su rostro hacia el muchacho mirándole por encima del hombro, con una sonrisa cínica que, en el fondo, daba cierta complicidad, y continuó:

-Ah, me puedes llamar Shamín... 

-Ajá... -dijo Koldo sin pensarlo siquiera mientras observaba a Shamín y guardaba la navaja con la impresión de que la iba a usar más adelante.

***

-Y ahora, siento deciros que, como os imaginaréis los más sagaces, vuestra vida ha dado un gran giro completamente inesperado. Cuando esto pasó, se creó un método para reconocer no terráqueos con amnesia hacia su verdadera capacidad, que nos alegró la vida a muchos, pero a vosotros no os sirve de nada.

>>Si ya fue una revolución descubrir que había no terráqueos que no habían desaparecido para siempre, sino incapacitados por terceros, que cinco terráqueos confirmados definitivamente absorban oscuridio puede significar una nueva guerra, puede que mucho más importante. Incluso es bastante posible que trascienda a nuestro mundo y se transmita al de los humanos corrientes.

>>Por supuesto, no es necesario que os diga que estáis obligados a acompañarme hasta que reúna información sobre este acontecimiento. Por ahora cancelamos todos nosotros nuestros viajes pendientes, y ya veremos cuándo podemos retomarlos...

Una ligera mueca se apoderó de él mientras desviaba la mirada hacia el suelo. No había otra posibilidad, y de todas formas ella estaba en una situación segura, pero le escamaba tener que cancelar lo que tenía previsto.

-Por ahora nos paramos en la próxima parada. Hay un pueblo cercano que me encanta, así que no se me ocurre mejor sitio para empezar los experimentos y la instrucción.

Mientras Marcos observaba por la ventana la vegetación, recordando vidas pasadas, una de las chicas despegó sus labios. Morena con lisa melena, tan delgada como prominentes sus pechos, tenía cara de exigir explicaciones en vez de preguntar tímidamente, como estaba haciendo.

-¿Qué se supone que tenemos que hacer...?¿Por qué no nos podemos ir sin más...?¿Y... qué ha sido eso?

-Tenemos que descubrir por qué el oscuridio ha entrado en vosotros en vez de en mí. No podéis iros porque, como deberíais haber comprendido, os buscan para juzgaros. Por algo que desconozco, y lo desconocido suele ser malo para alguien que se dedica a estar al tanto de absolutamente todo lo que pasa en mi mundo. Y eso ha sido oscuridio, un macroátomo lleno de energía que extraer, parte fundamental de nosotros, alimento importante en nuestra dieta que despedimos al morir, como recompensa para el que nos haya vencido. Es parte de nuestra propia ley natural.

La chica quedó con los ojos algo más abiertos, pero el mismo gesto de extrañeza.

-Antes de que os obsesionéis con el tema, sí, os habéis corrido todos cuando ha penetrado en vosotros. Suele ocurrir la primera vez, y buena parte de las siguientes. Acostumbraos, es más natural de cómo pretendéis verlo.

Los gestos contraídos de los chicos se disolvieron, como en un suspiro de alivio. Marcos se sonrió, y quedó contemplando el paisaje por la ventana desde el pasillo, de pie, hasta que llegó la siguiente pregunta que esperaba. Esta vez era una chica alta, con el pelo profundamente negro y la tez algo pálida, con una suave cadera de avispa, la que sonreía tímidamente expresando su curiosidad.

-¿Qué sois exactamente?

-Es una historia algo complicada... Una pena que haya tiempo para contarla y hacer nuestra próxima tarea antes de bajarnos en nuestra parada.

***

-Érase una vez una masa de tierra aún no llamada Tierra. Perdida cerca de los límites del universo conocido, pronto se conoció que se había creado vida de manera espontánea. Entonces fue cuando llegamos nosotros.

>>Una aglomeración de seres distintos, representando los grandes imperios del universo. Vinimos a observar este planeta, analizamos las especies que lo poblaban, y esperamos a encontrar algo interesante de lo que apoderarnos. Conforme la evolución se desarrollaba, llegaron las glaciaciones. Poco a poco la biosfera fue diezmando hasta que, cuando estaba en su máxima diversidad, la última de ellas extinguió la vida en este planeta.

>>Los científicos presentes pasamos siglos haciendo un acuerdo en el que todos nos quedásemos suficiente contentos como para no empezar otra guerra. Finalmente decidimos deshacer la glaciación y nos pusimos manos a la obra con la nueva red trófica que habíamos planeado para que la vida inteligente se desarrollara lo mejor posible, sin sobrepasar los márgenes de desarrollo sostenible. Volvimos a reproducir las especies que estábamos interesados en observar mientras que dejamos otras extintas para siempre, bien por el peligro que entrañaban para el desarrollo de la inteligencia o bien porque no nos daban ningún aliciente que nos pudiese ayudar en nuestra investigación.

>>Así las especies fueron evolucionando hacia la inteligencia hasta que pasó algo que nos dejó a todos conmocionados. Una especie peluda, arborífera, que no debía servir sino para preservar el equilibrio natural del planeta, se desarrolló rápidamente sometiendo a multitud de criaturas que esperábamos que nos diesen nueva información sobre la explosión psicológica, piedra filosofal del poder de nuestros imperios.

>>Montones de recursos de nuestros imperios habían sido gastado en desarrollar una especie increíblemente hábil para su escaso cerebro, y todos estábamos de acuerdo, por desgracia, en que no servía para nada en nuestro pequeño experimento. Aquel momento fue cuando todos vimos lo que estaba a punto de llegar.

>>Hicimos lo posible para eliminar esta especie sin dañar a las que deseábamos ver desarrollarse, pero fue inútil. Como nos esperábamos, antes o después se filtró un adelanto de lo que iba a pasar, y nuestros imperios se echaron las culpas unos a otros del acuerdo al que habíamos llegado con tantas discrepancias. Comenzó la última gran guerra. La mayoría de los imperios fueron aniquilados, y cantidades obscenas de recursos fueron gastados en lo que acabó como una pérdida inconmensurable para los supervivientes. Algunos de ellos no sobrevivieron a la postguerra, y no se tiene noticias de ninguno que esté suficiente desarrollado para llegar a este punto del universo.

>>Pero lo que nos importa es que todos nuestros gobiernos nos dieron la espalda. Algunos de nosotros desaparecieron, puede que huyendo de los acontecimientos que veíamos acercarse o quizá ayudados por el imperio al que habían vendido información. La cuestión es que una pequeña parte nos quedamos y no tuvimos más remedio que aterrizar en la tierra, por escasez de combustible.

>>Pronto nos acostumbramos a la vida en la Tierra, tras mutar nuestro material genético con el de esta especie dominante para pasar inadvertidos. Sobrevivimos eclécticamente, con una doble vida en la que seguíamos analizando los acontecimientos, esperando nuestro momento. Eramos pocas las especies que sobrevivimos a la mutación, pero fue en este proceso en el que nos multiplicamos, adoptando una mutación distinta que nos dio nuestras características. Así fue como surgimos los acuóferos, aerícolas, ignívoros y rocogénicos, como nos hemos hecho llamar basándonos en raíces comunes a los grandes lenguajes que han influido en el continente europeo, el más corrupto de ellos y por tanto en el que la comunicación abierta nos daba más posibilidades. Las demás especies que surgieron, por desgracia fueron aniquiladas, así que no necesitáis que os cuente nada de ellos. Y las mencionadas, supongo que os imaginaréis cómo son, así que no hará falta daros más detalles.

Hubo un silencio con varias miradas al suelo y una tímida sonrisa de la más alta de ellas, que susurró un “por favor” demasiado bajo para que lo escuchasen los otros chicos.

-De acuerdo... Empezando con los acuóferos como yo, nos denominamos así por usar en nuestro metabolismo respiratorio moléculas de mayor tamaño que los humanos, mayoritariamente agua en nuestros principios. Después conseguimos adaptarnos a respirar humo, cosa difícil por la diversidad de productos, pero cuando lo conseguimos desarrollamos más nuestras antiguas capacidades, aunque siguieron apareciendo de manera nimia.

>>Nuestro origen es una antigua especie interestelar, imposible de pronunciar con este cuerpo, y las capacidades que conseguimos mantener aunque muy poco desarrollada consistían en la gran longevidad que nos distinguió siempre y en una capacidad de movimiento medio muy escasa, similar a la de los humanos, necesaria para hacer los grandes esfuerzos instantáneos de los que eramos capaces. En vez de usar un porcentaje de nuestros músculos máximo, de manera que no los forzásemos, nuestra especie desarrolló una gran habilidad para usar nuestro aparato locomotor al máximo de manera instantánea, lo que nos obligaba a movernos el resto del tiempo usando un mínimo de nuestra musculatura de manera similar a los humanos.

>>La siguiente en ser explicada debe ser la de los aerícolas. Sus capacidades iniciales eran estupendas, pero al contrario que nosotros, involucionaron poco a poco. Sus alas, de formas muy diversas, tenían la capacidad para ser escondidas tras cualquier ropaje mientras que, dependiendo de su voluntad, podían agrandarse rápidamente hasta darles la capacidad de volar. Poco a poco fueron perdiendo esta capacidad hasta que en la actualidad sólo algunos son capaces de planear si acaso.

>>En cuanto a ignívoros y rocogénicos, hay poco que decir ya que desde que se establecieron en el planeta se mantuvieron ocultos no sólo a terráqueos comunes sino también a aquóferos y aerícolas. Puede que entre sus razas, o incluso dentro de su propia raza, mantengan sus habilidades escondidas, pese a que siempre fueron aliados y muy pacíficos.

>>Y ya que nos ponemos, hablemos de la explosión psicológica y los terráqueos. Este fenómeno que investigábamos había sido observado en especies sintetizadas de manera aleatoria, era un gran misterio militar que otorgaba la victoria bélica a los grandes imperios del momento. Al principio, como he explicado, pensábamos que los terráqueos eran una especie sin interés alguno, pero resultó que al mutar con ellos, algunos de los no terráqueos conseguimos pequeñísimas micro-explosiones psicológicas...

Marcos paró de hablar. Sin duda alguna, seguir hablando no iba a servir de nada. Se habían quedado mirándolo en completo silencio. Supuso que con ignorancia por no haber procesado tal cantidad de datos, por lo que Marcos acabó definitivamente su discurso con un:

-Ya seguiremos. Empecemos con los ejercicios orgásmicos.

***

Ya tenía comprobado que el tabaco de liar no hacía furor en las pequeñas poblaciones, así que escudriñó la estantería hasta decidirse por un Pall Mall de 40g. No había mucho donde elegir.

In hoc signo vinces, "bajo este signo vencerás", decía el escudo de armas, bajo el típico "Fumar puede perjudicar su salud y la de los que están a su alrededor". 

-Pall Mall de liar, por favor -soltó con tono indiferente mientras observaba las pipas con curiosidad-.

-Perdona, chico, ¿Cuántos años tienes? -contestó secamente la propietaria-.

Prefirió no buscar otro estanco, podía no haberlo, así que sacó el carné y se lo entregó con su mano izquierda. Apenas vio la fecha de nacimiento, la mujer se le quedó mirando, embobada.

-Sí, soy de su quinta -le reprochó con un tono de cinismo.

Mientras ella recogía el paquete de la estantería a su espalda se preguntaba si no tenía razón su vieja tía cuando, muchos años atrás, le había dicho que debía ver mundo, que para ella significaba caminar un par de días de posada en posada para llegar a la ciudad más cercana. Koldo depositó un billete de 5 euros en el mostrador con cierta fuerza que, como entendió perfectamente la vendedora por la mirada recelosa que le dedicó, significaba prisa. Tomó el billete y dejó el cambio sobre el mostrador mientras volvía al almacén intentando imitar un gesto de indiferencia. Fue entonces cuando la mujer notó la exagerada holgura de la manga derecha. Ya en el almacén, mientras oía el ruido de la puerta que daba a entender que el cliente se había ido, seguía pensando cómo de pintorescos podían llegar a ser los ajenos a la comarca.

***

-Este método que usó Greta conmigo se empezó a usar tras lo acontecido con Koldo. Lo que conocemos hasta ahora es que el sexo parece tener algún tipo de efecto Por eso estoy comprobando si vuestra psinergía, que es la cantidad de energía disponible para provocar una explosión psicológica, antes de que lo pregunteís... aumenta o no.

Los chicos yacían en sus asientos como podían, disfrutando sólo a medias del ejercicio por culpa del pudor que les habían inculcado. Tras cinco minutos, provocándoles uno o dos cada segundo, el chico ya no era el único con los pantalones completamente empapados, lo que le había desinhibido un poco.

Contrayéndose como en un ataque de epilepsia, gimoteaban mientras continuaba el ejercicio. Cuando los gritos empezaban a desgarrar sus gargantas, Marcos paró de estimularlos psíquicamente.

-Bueno, ya contemplaremos los resultados cuando lleguemos a la base en la que vais a permanecer las próximas semanas. Levantáos y recoger vuestras cosas, se acerca nuestra parada.

Sonriendo dijo esto, y se acercó a su asiento a por la chaqueta y el bolso sin dejar de hacerlo.

-¿Por qué no has hecho con nosotros lo mismo que con la mujer de la que nos has hablado?



-Haciendo eso perdería energía, que no estoy seguro de que pudieseis absorber. De cualquier manera no estoy en mis mejores momentos

Ya le gustaría hacerlo. Con la pelirroja. Con cualquiera. Pero mil siglos antes con la pelirroja. Llevaba demasiado tiempo sin hacerlo, apenas unas horas. Muchísimo tiempo.

-Abajo, caminaremos un rato hasta el pueblo para que os cuente cómo continuó lo de Koldo.

De repente se dio cuenta de que no recordaba nada tras dejar las clases para ir al local del callejón-codo, ayer noche. Iba a por la pelirroja, pero no recordaba por qué salvo sexo. Sacó su libreta y, gracias a lo que fuera, había apuntado unos cuántos detalles. Lo que leyó no le gustó para nada, pero el tren ya se había ido.

-¡Vamos, todavía queda mucho camino hasta mi vieja casa!

Los chicos se apresuraron mientras Marcos hacía crujir su cuello con una mueca de mal olor. Olía bastante extraño, no sólo por esa pérdida de memoria y esas anotaciones. Olía a quemado.

***

El pueblo, lo que quedaba de él, se había vuelto gris. Hacía unos minutos los colores lo reinaban. Dentro de unos años, puede que bloques igualmente grisáceos, mucho más pintorescos que las cenizas que quedaban, recibiesen una enorme ameba formada de turistas amantes de la naturaleza. De cualquier manera, el gris había vencido ya.

Un sujeto caminaba entre el humo, cojeando lentamente con la cabeza recostada hacia atrás. Cuando los sólidos en suspensión en el aire permitieron que le llegara luz, los chicos pudieron apreciar un precioso brillo plateado surgiendo de su frente, derramándose sobre su cara.

-¡No me gusta tu manera de hacer las cosas!

Este grito estremeció sus espaldas, liquidando su atracción por el interesante flujo.

El sujeto sangrante siguió caminando hacia ellos sin pausa. Cuando estuvo a una distancia prudente paró, hablando lentamente.

-Olvidaba que los débiles enaltecéis los medios por encima del fin...

Las cejas de Marcos estaban desencajadas por su contracción excesiva.

-¡¿Hacía falta?! ¿No había otra manera?

-El fuego a veces es seguro... Aterroriza a los débiles... Sin un incendio, cabía la posibilidad de que murieran sin tiempo para ser conscientes de ello...

Marcos miró hacia abajo concentrándose. Sí, los lugareños habían huido, casi todos. Iba a reprocharle su punto débil, cuando el pirómano siguió:

-Es paradójico que el incendio arrasase la aldea... y finalmente ningún conjuro enemigo cayese sobre ella...

-¡Pero podría haber pasado! -admitió con un grito, comprendiendo los acontecimientos recientes. Su mente había hallado el origen del fuego a seis kilómetros de la localidad en dirección sudeste. Una colina lejana pero muy visible desde el pueblo, perfecta para comunicarse fogosamente con los pobladores de este sitio. Con tan poco viento, la razón por la que había llegado hasta aquí hizo temblar a Marcos.

-¿Qué demonios has matado?

El primer gesto de tristeza en la cara del cojeante, al que le faltaba el brazo derecho entero como acababan de observar los futuros discípulos de nuestro aquófero.

-Ni siquiera sé si lo he conseguido...

La respiración de Marcos comenzó a alterarse. En las últimas horas habían pasado cosas sin explicación lógica. Nada tenía sentido.

“Nada tiene sentido” resonó en su cabeza, mientras sus párpados se retraían lo posible. Los recuerdos le partieron lo que le quedaba de moral. Empezó a andar señalando con un dedo la dirección, recordando a los chicos que éste no era el final del camino. Cuando se convencieron de que no iban a entender la conversación por mucho que la repitieran en su cabeza, siguieron la flecha mientras su cercano maestro se despedía del curioso personaje con un movimiento de cejas y un gesto de preocupación. Por el asesinato de Greta, por la llegada de un emisario judicial reclamando la presencia de humanos comunes, por el conocimiento de un ser con las características deducibles de la respuesta de su viejo conocido... Pero sobre todo por lo acaecido al dejar el viejo local de su primer amor. La hipnosis de la cinta negra era su firma. Nadie había sobrevivido hasta ahora ni oído hablar de ella. Su peculiar manera de reírse de sus víctimas en las locuras de antaño se había vuelto contra él. Simplemente, no podía haber pasado.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 3:19 am

-Perdone...aquí, -levantando la mano- una pregunta de lector sobre un termino de la redacción....

-Si adelante...

Mire, ¿cuando emplea el termino Heurístico lo emplea como un concepto en psicología, o como un sustantivo que no tiene nada que ver con ella??
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Imanol
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 3:07 pm

Es un recurso literario de sobras conocido: Coge una palabra que nadie conozca suficiente y aprovéchate de su valor fónico. Lo demás queda para la imaginación del lector Laughing

No, en serio, con heurísticos me refiero a lo que me dijo Alba que eran, así que supongo que será el concepto psicológico. Para mí es una perogrullada filosófica. "Si llueve me mojo, si me mojo me resfrío, si llueve me resfrío (aunque no salga a la calle)"
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 3:14 pm

Hombre, existen muchos heurísticos a parte de la correlación ilusoria. te lo decía porque yo lo entendía más bien como lo empleas como sustantivo, como algo parecido a inventar o descubrir... pero vamos....
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 3:24 pm

Culturízame Rolling Eyes
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 3:30 pm

Digo yo que tendras que responder a las preguntas de tus lectores... y no iba con mala intención... simplemente porque me surgió la duda. Y por supuesto, debes poder responder de alguna manera sobre el porque utilizaste y el sentido que le querias dar a la palabra. Muérame yo si lo que quería era culturizarte....y menos sobre psicología...
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 3:49 pm

No, te he pedido que me culturizes en serio. Seguro que sabes mucho más de heurísticos que yo. Y la respuesta sería esa, el heurístico de correlación ilusoria del que has hablado.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 5:36 pm

pelea
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 26, 2010 8:01 pm

yo con Imanol nunca peleo, porque siempre me gana.... simplemente eñoro viejos tiempo en los que discutíamos por que tocar....esto me emociona...
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 17, 2012 2:02 am

Cuando he leído lo del "El Rincón" no he podido evitar acordarme de una panadería de aquí donde hacen un pan buenísimo...
me ha sonado todo...retodo...a sueño.
Un sueño. Eso parece.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Mar Ene 17, 2012 2:04 pm

Lo que quería transmitir era ese espíritu de niño que nos invade con alguna tienda en concreto, en la que sentimos que hay algún producto para cualquier problema. A mí me pasaba con la tienda de música, pero era cara :S
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Miér Ene 18, 2012 1:00 am

Es tan...flashbático que cuesta encontrarle la coherencia...
He sufrido mucho T^T
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Miér Ene 18, 2012 12:39 pm

Es justo lo que más me gustaba del capítulo! Al fin y al cabo, por algo tiene ese nombre. Quería que el propio lector se sientera perdido.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Miér Ene 18, 2012 2:37 pm

A mí el título me inspira más a....ceguera.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Miér Ene 18, 2012 6:02 pm

Y qué se puede relacionar más con sentirse perdido que estar ciego?

Lo que me recuerda que tengo que darle un repaso a este capítulo para dejarme claras las leyes que rigen este mundo antes de seguir con 1.2.3. Ni siquiera tengo muy claro cómo funciona la cinta negra, sólo conozco sus efectos por lo que he escrito xD
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Miér Ene 18, 2012 11:51 pm

Nunca había visto la ceguera y la desorientación como sinónimos.
Yo no conozco los efectos de la cinta negra...creo.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Jue Ene 19, 2012 11:34 am

Será que tengo poco oído y olfato, pero a mí sí me lo parece. Y no te preocupes, yo sé leer qué es lo que quería transmitir... me acordaré de qué era la cinta negra y lo aplicaré =)
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Jue Ene 19, 2012 11:57 am

Jajajajaja ¿Tú también?
"Sleeping Forest está tan confusa que se hirió así misma"
Es perfectamente viable. Sí.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Sáb Ene 21, 2012 9:15 pm

Jooooooooooooder.

Acabo de releerlo. Me he tenido que hacer un resumen de dos páginas de la idea de mundo que tenía cuando cree esto. Y algunas cosas todavía no me cuadran.

Hay fragmentos malísimos, que casi merecería la pena borrar en vez de modificar.

Pero así fue escrito y así seguirá. Cuando rehaga en mi mente todo esto, hago la tercera parte del segundo capítulo.
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MensajeTema: Re: RME 1.1: La cinta negra   Sáb Ene 21, 2012 9:35 pm

Estaré esperando xD
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