Proyecto Plumilla

Revista literaria creada para unir la comunidad de escritores y lectores de la calle, que buscan cosas humildes pero especiales
 
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 Lo recuerdo.

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onlymutated

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MensajeTema: Lo recuerdo.   Vie Feb 04, 2011 1:58 am

Las luces se reflejaban en mis pupilas a pesar de mantener los ojos cerrados, debido a los intervalos en que los rayos escurridizos del sol rebotaban en mi rostro a través de las hojas de los árboles, todas ellas de un tono nacarado con el carácter imperioso del verde ante cualquier otro. El aire ligeramente fresco dulcificaba nuestros rostros mientras corríamos veloces por aquella carretera que parecía interminable. Nos dejábamos caer cuando llegábamos a cualquier cuesta, con los gritos agarrotados en nuestras gargantas y una risa furiosa que latía en el pecho; la adrenalina recorriendo cada poro de nuestro cuerpo, como cientos de hormigas que trabajan con afán para conseguir subsistir y que, al llegar el frío, se ven obligadas a esconderse. Las ruedas de las bicicletas hacían un sonido algo desagradable por la falta de aceite en los frenos, tras veranos y veranos de abandono; tan parecido a aquella vocecilla que era capaz de escuchar, entre sueños, cuando dejaba la ventana abierta por las noches para alejar el calor que nos mantenía en vilo hasta que el frío de la madrugada llegaba.

Apreté el pequeño cuerpo al que me agarraba, en la parte trasera de aquel medio de transporte que rompía barreras del sonido, para cerciorarme de que seguía allí y que no era una utopía, como en esas tantas que me encantaba perderme cada vez que simulaba realizar las novedosas y horrendas potencias que la señora Smith, con su moño alto y ceñido, rodeado de pequeñas horquillas que simulaban los pétalos de una vieja flor, no hacía poco que había comenzado a instruirnos. Al abrir los ojos, cansada de la semi-oscuridad que estos me permitían de tal forma, me encontré con una sonrisa dibujada en su rostro, un poco tostado por el sol. Adam volvió a fijar su vista en la carretera, a la vez que gritaba unas palabras al resto de jauría que nos rodeaba: cinco bicis que embotellaban el solitario camino, apenas sin empedrar. Todas ellas sumaban distintos ritmos que formaban una melodía pura, ya fuera de exclamaciones que se pierden por el camino, chirridos por el peso de los cuerpos en aquellos instrumentos rodantes o nuestro propio jolgorio que salía a flote por la felicidad naciente en nuestros jóvenes cuerpos.

Escuchaba mi nombre como un susurro que se esconde tras la nostalgia. Escudriñé con avidez el campo de visión y reconocí, casi al instante, un ligero vestido rojo que pintaba el paisaje con tonos alegres. Mantenía apretada la falda con una mano, mientras que, con la otra, se mantenía sujeta a su compañero, el cual competía por llegar el primero a nuestro destino, con el sudor recorriendo su rostro y la pequeña mata de pelo rubio pegada a su frente, pedaleaba con la fuerza de cincuenta hombres. Sin embargo, Jocelyn se mantenía serena en su puesto de copiloto, con la mirada felina que la caracterizaba revoloteando como una mariposilla inquieta. Reímos juntas e intentamos mantener una breve conversación, pero apenas era posible con el repiqueteo de las piedras en el suelo y los aullidos desaforados. Se parecía a aquella tarde que fui a tomar té a casa de la tía abuela, Madame Bonner, como le gustaba que la llamaran, y me obligó a llevarme a mi amiga conmigo, por su modestia y sus conocimientos acerca de la literatura clásica, de la cual la anciana se encontraba extrañamente atraída. No nos permitieron cotillear entre nosotras por respeto a nuestros mayores, ni tampoco salir fuera a dar un paseo ya que deseaba presumir de la joven compañía, como si fuéramos una codiciada pieza llevada a un museo abandonado por los visitantes. Debido a este percance, inventamos unos signos que tenían cierto sentido para nosotras pero que para el resto de personas podía parecer algo tan normal como pestañear. El secreto se mantuvo pegado a nuestros delgados dedos desde aquel momento y lo volvíamos a utilizar cada vez que las circunstancias lo precisaban, como era en aquellos instantes, cuando nos susurramos pequeños pensamientos ocultos sin que nadie más fuera partícipe.

Notaba el calor en las mejillas y como estas se sonrojaban al contacto del mismo. Seguí escuchando los sonidos prominentes del resto de mis amigos, que rememoraban anteriores aventuras o, simplemente, mantenían aquel ambiente de recreo con chistes verdes escuchados de bocas ajenas, generalmente, en fiestas de Navidad. Las chicas suspirábamos y algunas batían las pestañas con desagrado, censuradas por las palabras malsonantes que nos sentíamos obligadas a menospreciar desde niñas, como nos había mostrado aquella institutriz que había caminado de casa en casa, con la vara en la mano y los libros que se utilizaban para aprender equilibrio, pero que yo prefería usar para fundirme con sus personajes fantásticos. Aquellos tesoros de tapa dura, la mayoría de las veces granate, verde o azul oscuro, con páginas envejecidas por el paso de los años y con cientos de recuerdos que expulsar, me mantenían en vela la mayoría de las noches, buceando tanto en las historias de aventuras, ya fueran de fieros piratas, la búsqueda imperiosa de una ballena por pura venganza o las reuniones de unos caballeros en una tabla circular, como en las de misterio, donde un detective inglés utilizaba su ingenio y perspicacia para resolver casos imposibles.

De repente, comenzamos a divisar una fina línea azul en el horizonte. Conforme la velocidad iba en aumento, aquella recta se fue ensanchando hasta formar un pequeño lago con agua cristalina, que permitía que el buceo fuera mucho más fácil, y donde la ausencia de peces grandes hacía del sitio un lugar seguro para nosotros. Esta zona acuosa se encontraba rodeada de varios árboles, todos de distinto tipo y que regalaban una refrescante sombra cuando comenzaba a ponerse el sol, y arbustos con bayas comestibles, de tonos rojizos. Había un pequeño embarcadero, que generalmente solía estar vacío por las pocas visitas que recibía al año, cuyo jefe era un antiguo marinero de mar, amante de la cerveza, las mujeres de los barrios bajos y la pesca. No le gustaba vernos demasiado por allí, ya que decía que espantábamos a su cena, por lo que le dábamos un poco de nuestra merienda y un poco café con azúcar, respondiéndonos él con un suave gruñido como único agradecimiento.

Las palabras de ánimo pasaban de una pareja a otra y los rezagados parecieron sacar fuerzas de lo más profundo ante la visión de aquel paisaje. Comenzó a adelantarnos uno de los más pequeños, con su ensortijado pelo rojizo y unos viejos pantalones, demasiado grandes para su delgado cuerpo. Las pecas salpicaban su rostro como pequeñas semillas de trigo, dándole un gran parecido con ese personaje travieso de novela: Huckleberry Finn. En la parte posterior, con una sonrisa amable e inocente, se encontraba su hermana mayor, muy parecida a él, con sus petulantes ojos añiles que volvían locos a todos los chicos. Ella parecía no darse cuenta del aura de magnetismo que poseía, ya que su actitud ingenua lo demostraba con creces, pero eso no impedía que fuera odiada por ciertas chicas del colegio; debo añadir, de forma vergonzosa, que yo me encontraba entre esas antes de mantener una conversación con ella por primera vez.

Llegamos, por fin, a nuestro destino, y aparcamos las bicicletas unas encima de otras, con exuberante nerviosismo recorriendo nuestras frágiles almas. El sitio se encontraba solitario, a excepción de una barca lejana, con una actividad pesquera, seguramente, que se desdibujaba en el estrecho horizonte de nuestras miradas. Algunos comenzaron a levantar brazos y piernas, con una silenciosa actividad que me electrificó por dentro, mientras sus ropas volaban y se deslumbraban pálidos retozos de algodón que simulaban trajes de baño, con una pícara mirada observaban expectantes a que el resto siguiera su paso. Escondí mi sonrisa pretensiosa con la mano izquierda, al mismo tiempo que disimulaba los hoyuelos salientes en mis mejillas sonrosadas por el desparpajo y la sinvergüenza que aquella actividad siempre me producía.

Jocelyn retiró con cuidado sus ropajes, dejando caer la tela rojiza que parecía sangre coagulada en el suelo. Comenzó a caminar, con los hombros un poco tímidos y pequeños temblores convulsionando su pálido cuerpecillo tan parecido a un saco de huesos: tan pequeño y frágil como un pajarillo, y, antes de introducirse en el agua, se giró con la mirada brillante y un sentimiento de calidez reflejado en sus pupilas algo dilatadas.

– ¿No vienes a bañarte? –su cuestión se vio interrumpida por uno de los chicos que la intentaba tirar al agua con todas sus fuerzas, recibiendo pequeñas patadas como única respuesta y miles de risas que eran más brillantes que el sol.

Fijé mi mirada en la límpida y brillante superficie acuosa, floreciendo en mi rostro un ligero mohín de emoción y, de esta manera, me despojé del ligero vestido, pálido y algo caluroso para la época en la que nos encontrábamos, y mi cuerpo aterrizó sobre el agua, con tal fuerza y presión que parecía escaparse de entre mis labios el último suspiro de vida que me quedaba, y la muerte cerciorándose de ello, se acercaría a mí con sus correosas manos y me llevaría entre sus brazos, acunándome como no lo había hecho en todo aquel tiempo ninguno de mis adinerados y ocupados padres.

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( ¡Y al que se lo haya leído le mandaré un abrazo enorme por el esfuerzo! )
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Adrik

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Vie Feb 04, 2011 5:37 pm

Grande, grande. Pero subele un poco el tamaño de la fuente al texto que está demasiado pequeñito.

Y bueno, muy hormiga/inglés no?
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onlymutated

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Vie Feb 04, 2011 6:07 pm

En realidad lo puse en ese tamaño porque me ocupada 3 hojas de Word y no quería que pareciera kilométrico :/ Para que no se hiciera pesado, quizás.

No veas Smile Me gustan los ingleses y su cultura, a pesar de que sean estiradísimos.
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Croketa

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Vie Feb 04, 2011 6:28 pm

Buff, tanto detalle se hace un poco pesado, la verdad xd
Pero es curioso como se pueden contar tantas cosas sobre algo que ocurre en un trocito/intervalo de tiempo tan pequeño. Molan las alusiones a Sherlock holmes, Moby-Dick, tal.
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onlymutated

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Vie Feb 04, 2011 6:58 pm

Tiene tanto detalle porque te suena.... ¿texto tipo Proust?
Sí, quizás sea por eso... jajajajaja.
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Adrik

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Vie Feb 04, 2011 7:08 pm

Detalles FTW siempre, que no te convenzan, de lo contrario
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ecco

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Sáb Feb 05, 2011 12:13 pm

Jolín, me ha gustado mucho Smile Esa atmósfera inglesa es estupenda, y conforme vas describiendo transmites muchas sensaciones distintas. Enhorabuena guapa Smile
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Imanol
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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Sáb Feb 05, 2011 2:55 pm

Lo siento, tengo debilidad antes textos tipo inglés Sad
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lady joplin

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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   Sáb Feb 05, 2011 5:28 pm

me encanta el carácter descriptivo de tus textos, y este es simplemente genial. La protagonista me recuerda a Madame Bovary
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MensajeTema: Re: Lo recuerdo.   

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