Proyecto Plumilla

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 Improvisional 27

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Adrik

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MensajeTema: Improvisional 27   Miér Nov 23, 2011 3:24 am

Tiro por aquí algo al azar de lo que tenía escrito últimamente, a ver si con suerte naufraga



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No os hablaré del comienzo de esta historia porque, sencillamente, carece de uno.
Os hablaré sin embargo de cómo se desarrolló y de lo que supuso para mi en aquel momento.
Sucedió pues ya hará varios años, no sean quizás lustros. Me encontraba en el punto culmen de mi juventud, momento ideal de mi madurez en el cual uno tiende a pensar en el mundo de manera geocentrista y a sentirse por general dueño de cualquier situación no dada completamente por azar.
Encontrábame pues, dando buena cuenta del whiskey en la taberna cuando, de repente, un joven viajero atosigado y rumiante entró sofocando los portones, se dirigió raudo a a la barra y, manteniendo una trémula y fija mirada en el barman, le pidió a este agradablemente una soda y una copa de brandy. Minutos después este joven, del que más tarde pude saber su nombre era Billy, intentaba convencerme de emprender una hacienda cuando menos harto productiva, basada en transportar ciertas perlas, o joyas, o no fueran alhajas de un punto inexacto (cuya localización deduje rápidamente en el propio bolsillo de su andrajoso abrigo irlandés) a otro más bien fijo, en el cual algunos de sus secuaces pudieran recoger la mercancía. Ante la pronta proposición, si bien no vi nada de mal en ganarme unas buenas perras, tuve a bien no más que declinarla, resultando todo de primeras formas bastante sospechoso. Sin embargo, insistiendo continuadamente, consiguió este tal Billy convencerme de realizar el trabajo, argumentando la sencillez de este y su imposibilidad para realizarlo materialmente debido a ciertos affaires anteriores entre su persona y el cuerpo de seguridad local, así como varios enemigos de baja monta que pudiera haber tenido en barrios de los alrededores. No quedo más remedio para mi persona, pues, que ejercer de intermediario entre el paquete y el destinatario.
Billy me entregó un bulto, no más grande que mi petaca, envuelto en un fardo de piel de cordero, amenazándome seriamente con ciertos reproches de carácter violento en caso de abrirlo, y señalandome efusivamente la dirección de entrega, reiterando una y varia vez que debiera ser esa y bajo ningún concepto otra.

Marchóme pues de la taberna a hora no matinal, si bien próxima a medianoche pero con el cielo aún no cerrado por completo. Con extrema precaución y sin ánimo ninguno de levantar sospechas dirijíme pues sorteando calles, vehículos, rateros y señoritas de dudosa reputación conceptual hacia el punto de encuentro. Este no resultó ser más que un viejo local, si no zulo, de entrada angosta y ventanas tapiadas por clásicas tablas con clavos. Tras golpear reitaradamente el trozo de latón que hacía las veces de puerta no pude más que esperar una respuesta en un periodo de tiempo más que considerable.
Una vez calmada mi sed de llamada, abrióme la puerta un tipo tuerto con aspecto curtido y cicatrices varias que no describiré cuyo aprecio por la amistad y los desconocidos no parecía estar efectivamente explícito en su forma de ser. Al decir que venía parte de Billy el amable desconocido no tuvo a más que de cogerme, arrastrarme varios metros por unas durísimas y rocosas escaleras y arrojarme hacia el centro de una sala, mientras gritaba varios improperios, que el hideputa de Billy no había tenido a bien más que reírse de ellos en su propia cara y menciones varias a mi santa progenitora.
El primer puntapié, directo a la sien, me trastocó lo suficiente para perder levemente el sentido de la orientación, lo cual, sinceramente, creo que fue un punto a favor en pos de la retahíla de golpes propinados que me esperaban. En cierto momento, uno de los hombres que allí se encontraban hizo a bien de encontrar el fardo entre los bolsillos interiores de mi chaqueta. Mientras intentaba abrirlo, hice acopio de todas mis restantes fuerzas para poder pronunciar unas mustias y secas palabras “Os lo envía Billy”. Justo en el momento en que pude decir la última palabra el paquete fue abierto, la habitación se iluminó por un momento y una extraña explosión devastó todo en varias yardas a la redonda.
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